El Monte Fuji

monte-fuji-japon-ap_claima20150706_0140_28Entre las decenas de volcanes que aún permanecen activos, existen algunos que han marcado la historia y la vida de las comunidades que se han desarrollado en sus proximidades. Un ejemplo emblemático de este vínculo entre la naturaleza y el hombre es el monte Fuji, en Japón. La formación es considerada un símbolo sagrado para este país asiático y ha sido reproducida en innumerables oportunidades en elementos de la cultura popular.

Con una altura de 3.776 metros sobre el nivel del mar y ubicado sobre la costa del Pacífico en Honshu central, a una distancia de aproximadamente 100 kilómetros de la ciudad de Tokio, el monte Fuji es la montaña de mayor altura del país. Forma parte del parque nacional Fuji-Hakone-Izu, que fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2013.

Si bien la última erupción registrada ocurrió en el año 1707, los geólogos y vulcanólogos lo consideran un volcán activo, dada su actividad sísmica y geológica. Su diámetro alcanza un máximo de entre 40 y 50 kilómetros, con una circunferencia en su base de alrededor de 125 km. En su cumbre presenta un cráter de unos 500 metros de diámetro y una profundidad cercana a los 250 metros, y cuenta además con ocho picos: Oshaidake, Izudake, Jojudake, Komagatake, Mushimatake, Kengamme, Hukusandake y Kukushidake.

El origen del volcán es complejo, y de acuerdo a los trabajos de investigación realizados por geólogos a lo largo de múltiples décadas, puede explicarse a partir de la superposición de tres volcanes que se desarrollaron uno encima del otro: primero el Komitake, después el Ko Fuji y finalmente el Shin Fuji. Las erupciones volcánicas de cada uno de ellos dio lugar a la deposición de material que sepultó al anterior, formando la estructura cónica que caracteriza al monte Fuji durante los últimos dos millones de años.